Manuel de Jesus Lopez Cabaco
BIOGRAFÍA CANÓNICA DE MANUEL DE JESÚS LÓPEZ CABACO Por Paco González Salgado Semblanza: El humanista del Guadiana Desde el mirador fronterizo de Costa Esuri, en Ayamonte, Manuel de Jesús López Cabaco contempla el mundo allí donde el río Guadiana se rinde al océano Atlántico. A solo quince kilómetros de su Isla Cristina natal, este enclave privilegiado no es solo su residencia; es el escenario desde el que se proyecta la figura de un auténtico humanista contemporáneo. Su vida está esculpida por una vocación docente inquebrantable y una insaciable inquietud filosófica, pero fue durante los vertiginosos años de la Transición cuando su nombre se grabó a fuego en la historia colectiva. Convertido en el motor de una agitación cultural sin precedentes, López Cabaco fue el catalizador que supo canalizar las ansias de libertad y renovación de una sociedad que despertaba, impulsando iniciativas que sacudieron y transformaron el tejido social de la época. Hoy, ese compromiso histórico se expande: mientras lucha por dignificar la memoria de su propia familia, vuelca su vasto bagaje vital en el entorno digital, consolidándose con fuerza como una de las voces literarias más lúcidas, profundas e imprescindibles de la costa onubense. Orígenes y primeros años en Isla Cristina: El huerto y la arcadia solitaria El 4 de marzo de 1957 nació en Isla Cristina (Huelva) Manuel de Jesús López Cabaco. Fue hijo de Américo de Jesús Cavaco (1923-2021), un agricultor natural de la vecina localidad portuguesa de Tavira, y de Carmen López Gago (1928-2002), isleña de nacimiento. Los primeros diez años de la infancia de Manuel transcurrieron en un entorno idílico pero de un marcado aislamiento social: un huerto familiar que lindaba y daba acceso directo a la Playa de Santana. Debido a un acusado sesgo elitista de su madre, quien consideraba que los niños que vivían en las inmediaciones de la finca no constituían una compañía conveniente para su hijo, Manuel creció con muy poca relación con otros menores de su edad. Este temprano repliegue hacia el interior fue compensado por el amparo de Herminia, una mujer excepcional que formaba parte íntima de la familia desde su niñez, ayudando con entrega tanto en las labores del hogar como en las del campo, y encargándose con ternura de sus cuidados y de bañarlo. Junto a ella, la infancia de Manuel se vio guiada por el magisterio de su esposo, un viejo marinero isleño ya jubilado, Manuel Canela. Fue este veterano lobo de mar quien, paseando por la arena de Santana, le mostraba al niño los barcos que cruzaban el horizonte y le enseñaba a descifrar sus nombres, sembrando en una mente habituada a la soledad la pasión por la estética marinera, el relato del océano y el orden de los aparejos que décadas más tarde gobernaría su producción literaria. Al cumplir los diez años, en una transición que rompería de forma definitiva aquella arcadia solitaria y atlántica, Manuel se marchó a vivir al casco urbano del pueblo, completando allí sus primeros estudios junto a sus dos hermanas, Bella del Rosario (1950-2025) y María de los Ángeles (1959-2024). La niñez de Manuel estuvo profundamente marcada por el relato vital de su madre, cuya propia infancia quedó truncada en 1936 tras el fusilamiento de su padre republicano; un trágico suceso que la forzó al exilio en Portugal con apenas ocho años, país donde, con admirable resiliencia, logró cursar y completar sus estudios de magisterio antes de poder regresar a España. Su formación inicial estuvo guiada por maestros que dejaron una huella profunda en su memoria en Isla Cristina: Don José Borrero, Don Juan Contreras, Antonio Álvarez y el entregado profesorado de la academia ADE. De forma muy especial, destacó la figura de Don Juan Manuel Martín Rivero, quien supo detectar su potencial y estimuló y animó decisivamente a sus padres para que cursara estudios de Bachillerato, un paso fundamental que cambiaría su horizonte. Asimismo, sus años de juventud en Isla Cristina estuvieron ligados a las tradiciones de su pueblo. En 1974, fue integrante de la comparsa juvenil de carnaval de su localidad, los vagabundos, una experiencia en la que se volcó gracias al ánimo y la influencia de su cuñado Manuel Sosa Lagarejo (esposo de su hermana Bella). Durante este periodo de juventud, Manuel también demostró una faceta lírica incipiente, componiendo sus primeros poemas dedicados al amor y al desamor, una afición que iría abandonando paulatinamente conforme avanzaba la adolescencia. Despertar académico, asociacionismo y el motor de la Transición en COU El horizonte académico de Manuel se amplió definitivamente cuando se trasladó a la capital provincial para continuar el cuarto curso de Bachillerato, ingresando en régimen de internado en el Colegio Menor Santa María de la Rábida de Huelva. Aquella enriquecedora experiencia fuera del hogar precedió a su regreso definitivo a Isla Cristina, donde Manuel tendría el honor histórico de formar parte de la primera promoción del Curso de Orientación Universitaria (COU) en el recién inaugurado Instituto de Bachillerato Padre J. Mirabent. Este hito no solo marcó el fin de su juventud en el pueblo, sino también el despertar cultural y educativo de su localidad natal, un proceso en el que Manuel y sus compañeros de generación jugaron un papel crucial como motores indiscutibles de dinamización social en pleno periodo de la Transición española. Durante esta vibrante etapa de juventud en la Isla, Manuel estuvo estrechamente vinculado al arraigo devocional local, perteneciendo activamente a las hermandades cofrades de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y del Santísimo Cristo de la Vida. Canalizando ese mismo espíritu asociativo y las ansias colectivas de renovación propias de la época, Manuel y un grupo de compañeros —entre quienes destacaban Carlos Jara, Braulio Troncoso, Pepe Lares, Antonio Aponte, José Aurelio Yusta y Andrés Navarro, entre otros— emprendieron la ambiciosa tarea de fundar una corporación de penitencia bajo el nombre de Hermandad de los Estudiantes. Investido como el primer hermano mayor de la corporación, Manuel asumió directamente el peso de las negociaciones iniciales. Entre sus gestiones más relevantes, coordinó con Manolito de los Santos la cesión de un crucificado que este poseía en la Ermita, al tiempo que localizó una imagen dolorosa custodiada por el abuelo de Andrés Navarro para conformar la imaginería de la naciente cofradía. Tras este fecundo periodo fundacional, Manuel fue sustituido en el cargo por Antonio Aponte; su inminente marcha a Salamanca para iniciar sus estudios superiores y la de otros compañeros impidió continuar un proyecto que abandonaría de forma definitiva junto al resto de hermandades al emprender su viaje. Aquel año en COU supuso asimismo un profundo punto de inflexión en su vida, provocado por un inesperado revés escolar: un suspenso en la asignatura de Química tanto en la convocatoria de junio como en la de septiembre. Manuel logró finalmente superar la materia en la prueba extraordinaria de febrero de 1976, pero el verdadero impacto de este episodio residió en el encuentro con su profesor —un militar mutilado de la guerra civil—, ante quien formuló una firme y casi desafiante promesa: le aseguró que renunciaría a ingresar en la universidad y que limitaría sus aspiraciones a cursar los estudios de Magisterio. Etapa de Magisterio y la vida en la pensión Con la firme determinación de no dar el año por perdido, se matriculó de inmediato en el primer curso de la carrera de Magisterio para aprovechar los meses restantes de aquel año de 1976. Este contratiempo, lejos de truncar su porvenir, resultó crucial para su madurez personal y su crecimiento intelectual. Durante este periodo formativo, compartía la pensión de la hermana de Don Juan Contreras en la barriada onubense de la Isla Chica. En aquel entrañable hogar estudiantil coincidió con un grupo de jóvenes que dejaron una huella profunda en su juventud: Arturo Aquino, Emilio Fragoso, Pepe Rodríguez (hijo de 'Jorolo', el cronista oficial de Isla Cristina) y Demetrio Martín. Junto a ellos vivía también Manuel Portana, quien estudiaba mecánica de coches. Estos vínculos, nacidos en un entorno de aprendizaje compartido y nuevas inquietudes, enriquecieron notablemente su experiencia. De aquella época queda en el recuerdo el memorable viaje a Sevilla a bordo del Citroën Dyane 6 de Portana con el único propósito de asistir al Cine Bécquer y presenciar un auténtico hito cultural de la época: la proyección en modalidad de arte y ensayo de la película La naranja mecánica. Este efervescente entorno sirvió como su primer y definitivo contacto con el mundo de las inquietudes superiores. La etapa universitaria en Salamanca: Efervescencia cultural y el Círculo del Tormes Tras aquella provechosa primera toma de contacto con la educación superior, Manuel tomó la determinación de matricularse, al curso siguiente, en la carrera de Ciencias Empresariales en la Universidad de Sevilla. Sin embargo, el destino cambiaría radicalmente sus planes en el verano de 1976. Durante aquellas semanas de estío, entabló amistad con Ramón Noya Munell, un joven un par de años mayor que él que acababa de cursar cuarto año de Pedagogía en Salamanca. Al quedarle a Ramón una asignatura pendiente para septiembre, le pidió a Manuel que lo acompañase a la ciudad castellana. Al llegar, el joven isleño quedó profundamente impresionado por la monumentalidad de Salamanca y por el vibrante, casi magnético, ambiente universitario que se respiraba en cada una de sus calles. Allí, Ramón le presentó a sus compañeros de piso, un grupo de estudiantes excepcionalmente preparados y con profundas inquietudes intelectuales que se disponían a cursar el último año de Filosofía: el onubense nacido en Larache José Antonio Antón Pacheco (1952), el sevillano Eliacer Cansino (Sevilla, 1954), el cartagenero Javier Rupérez y Pablo Rodríguez, natural de Sestao. . En este efervescente círculo de primeros amigos salmantinos resultó crucial la irrupción de la pintora ayamontina Beli Concepción, conocida artísticamente como Beli Toscano, quien por entonces cursaba estudios de Psicología en la ciudad charra. La complicidad con Beli Toscano abrió en la sensibilidad de Manuel un hondo canal de diálogo intercultural y educación plástica, sirviendo su mirada artística como estímulo idóneo para la gestación de las imágenes de corte surrealista y la deslumbrante fuerza visual que el joven poeta vertería de inmediato en sus composiciones. Envuelto en aquella fascinante vorágine de personas encantadoras y culturalmente cultivadas, Manuel tomó una decisión que transformaría su porvenir: quedarse en Salamanca y estudiar Filosofía. A diferencia de sus compañeros, que habían tenido que cursar los llamados 'años comunes' de Filosofía y Letras en distintas universidades, Manuel pudo matricularse directamente en la especialidad de Filosofía Pura gracias a la reciente implantación de un nuevo plan de estudios. Asimismo, buscando expandir sus horizontes humanísticos, en segundo año de carrera decidió matricularse en la universidad civil en la especialidad de Filología Alemana. Aunque terminó abandonando estos estudios académicos al confluir en el tiempo el inicio de su noviazgo y su intensa inmersión en el mundo de la publicación de poemas, esta provechosa incursión le dotó de un valioso bagaje filológico, permitiéndole desde entonces leer en alemán y pronunciar las palabras de dicho idioma con absoluta corrección, una destreza de indudable utilidad para su posterior cercanía a los textos filosóficos centroeuropeos. El grupo lo acogió calurosamente en el hogar común. Aquel piso de estudiantes se revelaría con los años como un auténtico vivero de la intelectualidad española de vanguardia. Entre sus integrantes, José Antonio Antón Pacheco enfocaría su porvenir hacia la academia, convirtiéndose en profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Sevilla y referente internacional de la hermenéutica espiritual y la metafísica tradicional a través de obras como Symbolica nomina. Por su parte, Eliacer Cansino forjaría una celebrada trayectoria en las letras hispánicas, obteniendo galardones de la máxima relevancia como el Premio Lazarillo (1997) por El misterio Velázquez y el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (2010) por Una habitación en Babel. La convivencia diaria con ellos aceleró de forma extraordinaria la madurez intelectual de Manuel, sirviendo de estímulo idóneo para incentivar sus propias inquietudes literarias. Un acontecimiento memorable de aquel año 1977 fue la publicación del libro La lluvia perseguida, obra de su compañero José Antonio Antón. A través de él, Manuel conoció al reconocido poeta valenciano Jaime Siles (1951), una de las voces líricas y de la filología clásica más excelsas del país, cuya trayectoria —iniciada con Génesis de la luz— ha sido encumbrada con el Premio de la Crítica (1983), el Premio Loewe (1989), el Premio Internacional Federico García Lorca (2025) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2026). Las obras cumbre de Siles influyeron de manera decisiva en su propia concepción de la poesía, dejando una huella indeleble a lo largo de toda su etapa universitaria y de su vida. Al curso académico siguiente, Manuel continuó compartiendo vivienda con estudiantes del último tramo de la carrera, forjando una estrecha amistad con Tino Muñoz y Modesto Izquierdo. Al amparo de este ambiente de efervescencia creativa, y dentro del colectivo de poesía Donde la Noche, publicó en 1978 sus dos primeros poemarios: Hitos cerrados y Ego Amoroso. Asimismo, su voz lírica comenzó a expandirse más allá de los círculos universitarios al difundir sus poemas en prestigiosas revistas culturales como Aljaba y Zurguén. Fue también en este periodo cuando tuvo la oportunidad de conocer al célebre y genial poeta salmantino Aníbal Núñez (1944-1987), pintor, grabador y autor indispensable en la renovación lírica del 68, cuya obra totalizante, implacable y ajena a modas —reunida póstumamente en la colección Letras Hispánicas de Cátedra— sirvió a Manuel como testimonio definitivo de entrega absoluta a la belleza estética, manteniendo con él una fructífera y enriquecedora relación de amistad. Consolidación investigadora, el magisterio de Fornet y la tesis de Bataille (1978–1983) Paralelamente a su vida familiar, Manuel experimentaba su propio despertar filosófico al calor de la Universidad Pontificia de Salamanca. En este fecundo periodo, resultó decisivo el magisterio y la estrecha amistad del filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt (Holguín, Cuba, 1946) -es un filósofo cubano conocido por sus estudios en el campo de la cultura y sobre todo por su propuesta de un diálogo intercultural desde la Filosofía latinoamericana-, con quien compartía asiduas horas de debate y cafés. De aquella complicidad estudiantil queda para la historia una entrañable anécdota acaecida en cuarto año de carrera, durante el examen de Filosofía Española e Iberoamericana. Tras comentarle Manuel en privado su indignación con otro docente que solo le había otorgado un seis en su materia, Fornet-Betancourt, reconociendo el talento singular de su alumno, le espetó en la prueba: «Tú que eres poeta, háblame de la poesía». Aquel examen se saldó con un rotundo e incontestable diez, consolidando una influencia metodológica que marcaría su posterior visión intercultural de las ideas. Fue precisamente durante su quinto año de carrera en Salamanca cuando Manuel fraguó otra de las alianzas intelectuales y afectivas más profundas de su vida al conocer a Juan Omar Cofre Lagos. En aquella época, los llamados cursos monográficos del último tramo de la titulación coincidían con las materias de doctorado, lo que permitió a Manuel compartir aulas, debates y confidencias con Cofre Lagos (es un destacado filósofo, académico y jurista chileno, ampliamente reconocido por su trayectoria en la filosofía del derecho, la lógica jurídica y la filosofía del arte), quien había llegado desde Chile a la ciudad del Tormes para realizar su segunda tesis doctoral. La hondura de este vínculo, nacido en la vanguardia del pensamiento universitario, quedó refrendada con los años cuando Manuel acogió con total generosidad en el hogar de sus padres en Isla Cristina a Juan Omar, junto a su esposa y a su hijo, demostrando que su humanismo de base se cimentaba en la hospitalidad y en la fidelidad a las alianzas de toda la vida. Tras la lectura casual de La experiencia interior de Georges Bataille (1897-1962) en 1978, Manuel quedó completamente fascinado por su corpus conceptual. Este hallazgo lo impulsó a iniciar un estudio minucioso de la obra del pensador francés, una influencia que marcaría de forma definitiva el rumbo de su pensamiento. Ante la profunda escasez de estudios sobre el autor en lengua castellana, Manuel asumió el reto de manejar la bibliografía directamente en francés. Él mismo tradujo los textos necesarios para su investigación, utilizando como fuente primordial los nueve volúmenes que componían entonces las prestigiosas Œuvres complètes de la editorial Gallimard (cuyos tomos X, XI y XII verían la luz entre 1987 y 1988). Para dotar de validez civil a los estudios que había cursado en la Universidad Pontificia de Salamanca, Manuel complementó la entrega de su tesina con el preceptivo Examen de Licenciatura. Esta prueba de reválida constituía un requisito legal indispensable para convalidar los títulos eclesiásticos dentro del ordenamiento jurídico estatal, lo que le permitió obtener el título oficial de Licenciado de Grado. Posteriormente, cursó los estudios de doctorado de la época, orientando un riguroso esfuerzo investigador que culminó, en el año 1983, con el estudio titulado Una aproximación al pensamiento de Georges Bataille, realizado bajo la dirección del doctor Alfonso Pérez de Laborda. Como anécdota reseñable de su triunfo académico, una vez licenciado, Manuel regresó al instituto de su pueblo con el único propósito de reencontrarse con aquel antiguo profesor de Química a quien, años atrás, le había hecho la promesa de no pisar la universidad. —«Don José, soy licenciado»—, le anunció Manuel. A lo que el docente militar, fiel a su sobriedad, se limitó a responder con un escueto y marcial: —«Muy bien»—. Primeras nupcias y la restitución de la identidad familiar En el intenso año de 1978, confluyeron hitos fundamentales que redefinieron tanto su vida afectiva como su trayectoria intelectual. Por un lado, conoció a Genoveva Ereñaga Barreña (1960), una joven natural de Durango y también estudiante de Filosofía, con quien inició un profundo noviazgo en Salamanca que se extendió hasta 1982 (relación descrita en su cuaderno Diario de abordo) y que culminaría en matrimonio en 1984. De esta unión nacieron sus dos hijas mayores: Nerea Ereñaga de Jesús (Barakaldo, 1987) y Ainara Ereñaga de Jesús (Huelva, 1990), quienes recibieron legalmente los apellidos en el orden de la pareja debido a una anomalía del Registro Civil. Originalmente, la rigidez de un funcionario de la administración franquista —empeñado en dotar a los extranjeros de una estructura de dos apellidos a la española— provocó que el primer apellido de Manuel quedara registrado incorrectamente como «de Jesús» (por el nombre de su padre portugués, Américo) y el segundo como «López». Tras el divorcio de la pareja en 1994, Manuel lograría subsanar este conflicto reordenando legalmente sus apellidos a Manuel de Jesús López Cabaco, españolizando el apellido paterno. Este paso supuso tanto una corrección administrativa como un acto de justicia y memoria para restituir el apellido Cabaco, honrando el legado de su abuelo materno republicano fusilado en 1936, Manuel López Aguilera. Esta restitución adquirió un hondo significado generacional al consolidarse la proyección de sus hijas mayores en el ámbito intelectual, docente y de la investigación de vanguardia. Su hija Nerea Ereñaga de Jesús ha desarrollado una destacada carrera como Doctora en Derecho, investigadora y docente universitaria, vinculada al área de Personas en Cooperación, Liderazgo y Ownership de Mondragon Unibertsitatea; es autora de notables aportaciones monográficas y artículos en prestigiosas revistas sobre la conciliación corresponsable y el teletrabajo en la negociación colectiva. Cabe destacar que Nerea obtuvo su doctorado con mención internacional, siendo presidente de su tribunal una figura de la máxima relevancia institucional y jurídica: el presidente del Tribunal Constitucional de Portugal, José João Abrantes, un hecho que conecta simbólicamente con las profundas raíces históricas y lusas de la estirpe familiar. Por su parte, Ainara Ereñaga de Jesús ha fraguado una sólida trayectoria en el País Vasco como educadora, especialista de apoyo educativo en el sistema público y experta en pedagogía; su labor investigadora —vinculada a instituciones como la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) o la Ikastola Kurutziaga— se ha centrado en el desarrollo de los Proyectos de Innovación Educativa (PIE), el aprendizaje activo y el análisis lingüístico en la educación superior, contando con publicaciones científicas indexadas en revistas como El Guiniguada. Ambas hermanas continúan así, desde la excelencia académica, el firme legado intelectual de la estirpe. El tramo intermedio: La relación con Marta Echenique (1996–2000) Tras los procesos de reestructuración vital derivados de su primer divorcio en 1994 y tras su recuperación de salud, la andadura afectiva y creativa de Manuel sufrió un vuelco fundamental. A través de las tertulias intelectuales y compartidas que mantenía en el Bar Catelo —ubicado en la emblemática calle Sebastián Urbano Vázquez de Isla Cristina— junto a un entrañable grupo de médicos amigos entre los que destacaban Isaac Marín Vizcaíno, Manuel Martín, Carlos Dastis y el pediatra Ángel Kueder, Manuel conoció en el año 1996 a la doctora vasca especialista en Medicina Preventiva, Marta Echenique González (1958-2015). Así mismo, de esa época data la entrañable y mutua amistad con Paco González Salgado. Con Marta inició una honda, sólida e influyente relación de pareja que se extendió hasta el umbral del año 2000. Este vínculo resultó de una trascendencia lírica e intelectual absoluta para el autor, pues en su impronta, su constante diálogo y su sustrato vital se cimentó gran parte de la arquitectura emocional y de los pasajes de su posterior novela cumbre, Isla de Anacos. Segundas nupcias y la continuidad generacional Casi una década después, en 2003, Manuel inició una nueva relación sentimental con Magdalena Ewa Kwasny (Tarnów, Polonia, 1976), con quien contrajo matrimonio en 2005. De esta unión —y ya bajo la filiación legalmente corregida de Manuel— nació su hija Laura Carmen López Kwasny (Huelva, 2004). Además, Manuel adoptó afectivamente desde el primer momento al hijo de ella, Kamil Krzysztof Kwasny (Tarnów, 1996), integrándolo plenamente en el seno del hogar. Tras el posterior divorcio de la pareja en 2017, los hijos continuaron residiendo bajo el mismo techo junto a él, manteniendo un sólido núcleo de convivencia, apoyo y afecto diario. Al igual que sus hermanas mayores, los hijos menores de Manuel han encauzado sus pasos hacia disciplinas de gran valor técnico e intelectual. Su hija Laura Carmen se encuentra cursando el último año de la carrera de Derecho en la Universidad de Jaén, después de haber obtenido por la Universidad de Lisboa el Diploma Luis de Camoens, consolidando de este modo la profunda impronta jurídica y académica de la familia. Por su parte, Kamil Krzysztof se ha establecido en Madrid, donde ejerce con éxito su profesión como oficial especializado en la rehabilitación de edificios históricos; un oficio artesanal de alta cualificación dedicado a la rigurosa salvaguarda, conservación y restauración del patrimonio arquitectónico. Con la andadura de sus cuatro hijos, se proyecta hacia el futuro el espíritu de esfuerzo, estudio y sensibilidad cultural que Manuel ha cultivado a lo largo de toda su vida. Trayectoria profesional, docencia y compromiso político: El regreso al Sur en 1983. En el verano de 1983, tras culminar sus estudios en Salamanca, Manuel regresó de forma definitiva a vivir a su sur natal. En octubre de 1983, inició su andadura profesional como profesor de Filosofía en Bachillerato, comenzando en el Instituto de Bachillerato Guadiana de Ayamonte, donde ejerció durante tres meses. A principios de 1984, asumió una sustitución de seis meses en el Instituto de Bachillerato Diego de Guzmán y Quesada de Huelva, relevando al catedrático de la plaza y materializando un singular y temprano paralelismo profesional con su amigo Eliacer Cansino que había sido el anterior catedrático. Posteriormente, durante el curso 1984-1985, se incorporó al Instituto de Bachillerato Alonso Sánchez de Huelva. El curso 1985-1986 marcó un hito entrañable e histórico en su carrera: regresó al instituto de su propio pueblo, el Padre J. Mirabent de Isla Cristina, convirtiéndose en el primer antiguo alumno de la institución que volvía a sus aulas investido como profesor. En esta emotiva experiencia cosechó un rotundo éxito académico, recibiendo a través del director del centro, Juan Burgos, las felicitaciones expresas de la Inspección Educativa debido a las excelentes calificaciones obtenidas por sus alumnos en las pruebas de Selectividad. Su firme compromiso con el devenir democrático y social de su localidad natal dio un paso al frente en el ámbito de la gestión pública cuando, en las elecciones municipales de 1987, asumió la responsabilidad de presentarse como candidato a la alcaldía de Isla Cristina bajo las siglas de Izquierda Unida Convocatoria por Andalucía (IU-CA). Posteriormente, obtuvo plaza en expectativa de destino en el Instituto de Bachillerato La Orden de Huelva, donde ejerció de 1986 a 1990. En 1990, consiguió su plaza definitiva en el Instituto de Bachillerato Alonso Sánchez de Huelva. Coincidiendo con este hito en 1990, e impulsado por su incombustible curiosidad intelectual, inició los estudios de Ciencias Políticas a través de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Sin embargo, las inmensas responsabilidades directivas que se avecinaban le obligaron a abandonar la carrera. En el Alonso Sánchez ejerció inicialmente como jefe del departamento de Filosofía y coordinador del área de Humanidades, asumiendo la dirección de la institución entre los años 1992 y 1995. Las exigencias de este cargo directivo y el volumen de la gestión le sobrepasaron a nivel académico, centrándose por completo en el liderazgo del centro. Durante su fructífero lustro de dirección, desempeñó también la labor de coordinador de la asignatura de Filosofía para las Pruebas de Acceso a la Universidad e impulsó un solemne acto de hermanamiento internacional del instituto Alonso Sánchez con el instituto portugués João de Deus; un acontecimiento celebrado en ambas localidades que contó con la asistencia del alcalde de Huelva, Juan Ceada, y del presidente de la cámara municipal de Faro, João Carlos Dionísio Botelheiro. Asimismo, en este periodo recibió la visita de cortesía de Juan Alberto Belloch en su condición de ministro de Justicia e Interior del Gobierno de España. Su entrega pedagógica no se limitó al aula; se implicó en colectivos de renovación pedagógica como el Grupo Prensa y Educación de Andalucía, publicando numerosas comunicaciones. En esta época de los noventa, Manuel gozaba de una posición de gran influencia cultural en la capital, estando fuertemente considerado en la naciente Universidad de Huelva, al tiempo que la prensa provincial especulaba con frecuencia sobre su salto a la alta carrera política. Fue en este despacho de dirección donde se vivió una de las anécdotas más conmovedoras de su vida docente. Estando Manuel en sus funciones, un conserje se acercó para avisarle de que un señor solicitaba hablar con él. Manuel accedió y, al abrirse la puerta, vio entrar a su antiguo maestro de escuela, Don Juan Manuel Martín Rivero. En ese instante, los ojos de Juan Manuel se iluminaron de orgullo al comprobar que su antiguo alumno de escuela había alcanzado tan alta cota. El maestro, que pertenecía al extinto cuerpo de directores de escuela con plaza en Sevilla, compaginaba entonces su labor con la representación de la editorial Anaya para libros de texto, sellando así un inolvidable encuentro de respeto mutuo. Madurez en los medios y especialización pedagógica. Su profunda vocación por la palabra escrita lo llevó a compaginar la enseñanza con una intensa labor periodística y de crónica local en la provincia. Además de sus colaboraciones habituales, en 1999 asumió una importante responsabilidad en los medios de comunicación al trabajar como redactor jefe de La Voz de Lepe, una labor que complementó ejerciendo también como corresponsal para la costa de Huelva Información. En el año 2002, expandió sus horizontes internacionales al convertirse en miembro de la American Philosophical Practitioners Association (APPA), fundada por Lou Marinoff en el City College de Nueva York. En 1997, las trayectorias de los dos viejos compañeros de Salamanca volvieron a converger de forma simétrica en el ámbito de los Institutos Provinciales de Educación Permanente (IPEP). Mientras Eliacer Cansino lideraría el departamento de Filosofía en el IPEP de Sevilla, Manuel asumió ese mismo año la jefatura del departamento de Filosofía del IPEP de Huelva. Desde el departamento de publicaciones de este centro, Manuel editó dos obras didácticas de gran relevancia para su alumnado: Nociones elementales de lógica (2004) y De Kant a Marx y Nietzsche (2006). En esta institución permaneció ejerciendo la docencia con vocación inquebrantable hasta su jubilación anticipada en 2012, motivada por las secuelas físicas derivadas de cinco delicadas intervenciones quirúrgicas en la columna lumbar. Publicaciones literarias, la irrupción de Eva Vaz y el entorno digital (1991–1994). Paralelamente a su vida familiar y docente, Manuel desarrolló una prolífica actividad como columnista y escritor, gobernada siempre por un estrecho diálogo entre la lírica y el ensayo. En el año 1991 concibió, culminó y editó en Huelva su poemario de madurez lírica Cuerpo Enamorado, publicado originalmente en una cuidada autoedición limitada; este volumen representó el hito definitivo de madurez técnica de su producción poética. Influenciado por la precisión formal, el rigor conceptual y el culturalismo de su amigo, el célebre poeta Jaime Siles, Cabaco desvistió en estas piezas el romance de excesos sentimentales para someterlo a una depuración lingüística absoluta, regresando a las fuentes de la ontología presocrática y concibiendo el átomo materialista clásico según Demócrito y Leucipo. Al año siguiente, en 1992, comenzó a publicar sus habituales artículos de opinión en el diario Huelva Información. Fue en su suplemento cultural, Calidoscopio, donde vio la luz su valioso curso de pensamiento titulado Filosofía Iberoamericana, articulado a lo largo de cinco entregas temáticas fuertemente influenciadas por el magisterio y la estrecha amistad de su profesor, el filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt. Fue a renglón seguido de esta madurez intelectual cuando su oleaje vital y filosófico sufrió un verdadero cortocircuito creativo que acabaría por definir su trayectoria en las letras. En el verano de 1994, el autor mantuvo una intensa y breve relación sentimental e intelectual con la joven poeta Eva Vaz (La Antilla, 1972). Esta conjunción de sensibilidades —que quedó fijada en una correspondencia privada donde la escritora llegó a definir las cicatrices íntimas del filósofo como auténticos «surcos de dolor»— provocó la irrupción pública de su reverso literario. El 24 de julio de 1994, Manuel de Jesús publicó en el diario Huelva Información su controvertido ensayo «Eros y Thanatos en el hastío del estío». En aquella histórica página de la prensa onubense, trasmutando a la poeta bajo el eco mítico de «Eva-Berenice», el autor cruzó la teoría del erotismo de Georges Bataille y la mística de Ibn Hazm con los fragmentos de las cartas reales de su idilio, operando el nacimiento definitivo de su heterónimo: Manuel Cabaco. Bajo esta máscara, López Cabaco liberó desde entonces una palabra nocturna, transgresora y descarnada, ajena a las rigideces de la normalidad académica y fiel a la intensidad de la experiencia límite. Su presencia en el entorno digital se consolidó a partir de marzo de 2013 como firma invitada fija en el prestigioso blog La tertulia de la Urraca, un espacio donde fue vertiendo sus reflexiones en numerosos artículos de corte social y humanístico. En el año 2019 publicó su esperada novela Isla de Anacos, editada bajo el sello Universo de Letras del Grupo Editorial Planeta, una obra narrativa de largo recorrido que Manuel ya había dejado completamente concluida en el año 2000. Actividad creativa e intelectual reciente y vida cotidiana. En la actualidad, Manuel continúa plenamente volcado en su actividad creativa e intelectual. Se encuentra ultimando la redacción de dos nuevas novelas, un detallado diario de viajes y un volumen recopilatorio que reunirá sus mejores artículos de opinión. Al mismo tiempo, difunde activamente su pensamiento en el ciberespacio a través de la dirección y gestión de cuatro bitácoras en la plataforma WordPress: El blog de Manuel Cabaco, La mirada de Berenice de Manuel Cabaco, El punto de vista digital de Manuel Cabaco y Alas de Minerva de Manuel Cabaco. Esta intensa actividad intelectual convive con una arraigada y célebre rutina cotidiana. Desde hace una década, emulando la mítica y metódica puntualidad de Immanuel Kant, Manuel acude diariamente a las cinco de la tarde al Pub Michel de Islantilla, regentado por su amigo y compañero de rutas moteras, Miguel Ángel Barazal. Allí comparte una animada tertulia y partidas de dados con un entrañable grupo de amigos, entre los que se encuentran Rafael Bayo (ingeniero técnico industrial y empresario textil jubilado), Pedro del Valle (director de banca jubilado), Luis Sutil (profesor de informática jubilado) y Luis Domínguez (maestro jubilado), consolidando un espacio de desconexión, amistad y debate en su día a día.